Crianza Respetuosa.

Con frecuencia, los padres se confunden con la crianza positiva o respetuosa. Creen que si dejan de castigar a su hijo éste hará lo que le venga en gana. Pero pensar de este modo significa asumir que únicamente existen dos opciones: ser permisivo o ser punitivo. ¿Es posible estar a la altura de tus expectativas y, al mismo tiempo, ofrecer a tu hijo apoyo y comprensión?

Pongamos que le dices a tu hija que es la hora de irse a dormir, y ésta te ignora o te dice “¡NO!” ¿Qué opciones tienes?

  • Amenazarla o castigarla. (Tienes que seguir escalando el problema, se arruina la tarde para todos y la relación con tu hija se daña).
  • Permitirle hacer lo que quiera. (Te ves en el dilema de lo que es bueno para tu hija y lo que es bueno para el resto de la familia. Hasta que un día explotas. ¡Esto no es lo que se considera precisamente una crianza respetuosa o responsable!).
  • Establecer un límite, pero con empatía.  Dile “Desde luego que no quieres dejar de jugar, lo comprendo. Es un rollo tener que parar. Apuesto a que cuando seas mayor te pasarás jugando toda la noche, todas las noches, ¿verdad?  Y ahora mismo es hora de prepararte para ir a la cama… ¿Quieres hacer el avión hasta la bañera, o subirte a mi espalda e ir a caballito hasta allí?”.amor_familiar

Lo que hace a un padre respetuoso no es huir del desacuerdo. El conflicto es parte de cualquier relación humana. Los niños aprenden poniendo a prueba nuestros límites, y tu hijo nunca va a entender por qué es tan importante bañarse JUSTO AHORA. Así que los padres necesitan establecer límites y expectativas casi constantemente.

Lo que hace a un padre respetuoso es regular sus propias emociones, de modo que podáis manteneros amorosamente conectados mientras estableces esos límites y lidias con esos enfrentamientos. Eso es lo que crea un hogar mucho más pacífico. Eso es lo que hace que tu hijo QUIERA seguir tu guía. Y eso es lo que ayuda a los hijos a aprender a gestionar sus emociones, así como también controlar su comportamiento (¡y que quieran hacerlo!).

Por ello, los padres respetuosos están mucho más “al mando” que la mayoría de los padres. Al mando de sus propias emociones, y por tanto del estado de ánimo en el hogar. Eso les permite ser mejores guías para sus hijos.

Por supuesto, seguirá habiendo ocasiones en las que tu hijo conseguirá “hacer lo que quiera”. A menudo, será porque tú apruebas lo que está haciendo, como cuando construye un castillo de arena en la playa. A veces puede ser que realmente quiera algo, y tú decides que puedes vivir con ello, como por ejemplo tener una mesa para jugar con arena en casa. Incluso algunas veces será algo que vaya en contra de tu mejor juicio, pero para lo que decides darle una oportunidad mientras lo supervisas, como puede ser construir un castillo de arena en un recipiente de plástico en la cocina. Y sí, a veces le dejarás hacer cosas simplemente porque estás sujetando al bebé y no puedes intervenir, o porque no tienes energías para una discusión. De modo que decides que no será tan horrible barrer algo de arena que caiga o tire al suelo para jugar. Esto se llama elegir tus batallas. Pero en ninguno de todos estos casos estás abdicando. Estás tomando una decisión.

La crianza positiva, pacífica o respetuosa significa que tú regulas tus propias emociones primero. Después, intentas ver las cosas desde el punto de vista del niño, por lo que a menudo buscarás una solución en la que ambos salgáis ganando, que le permita al niño conseguir algo de (o todo) lo que desea. Pero no le permites “hacer lo que le de la gana” si realmente consideras que la respuesta debe ser No. Puede que pienses que lo que tu hijo quiere hacer no sea seguro para él. O puede que simplemente no puedas soportar otra confrontación, porque te llevaría por un tobogán directo hacia el resentimiento y los gritos. Después de todo, estás intentando satisfacer las necesidades del niño, pero las tuyas también cuentan, ¡si optas por permanecer tranquilo!

Así que los padres que crían de forma respetuosa dicen No. Muchas veces. Y ello no es algo malo para tu hijo. De hecho, esa experiencia de “cambiar de marcha” entre lo que él quiere y lo que tú le estás pidiendo, es lo que permite el desarrollo de esa parte del cerebro que proporciona a tu hijo auto-disciplina. Pero HAY una trampa. Cuando los niños se sienten forzados y empujados hacia unas normas, aparece la resistencia. Es por eso por lo que la disciplina externa no fomenta, en realidad, la auto-disciplina. El truco consiste en permanecer conectados y compasivos, de forma que tu hijo sepa que estás de su parte, y así QUIERA cooperar con tu petición de alguna manera, aunque sea de mala gana.

¿Significa eso que tu hijo colaborará felizmente siempre, en todas esas ocasiones? Desafortunadamente, no. A menudo, todavía pondrá objeciones. Entonces, ¿cómo mantenerte respetuoso y positivo?

1. Mantén la calma. Cuando te veas envuelto en una “lucha o huida”, con seguridad tu hijo entrará en una espiral sin control. Si puedes mantenerte calmado, tu hijo estará mucho más dispuesto a colaborar. Estudios muestran que tan sólo notar tu respiración te mantendrá más calmado. Y también te ayudará a percibir tus pensamientos, y replantearlos si es necesario. Por ejemplo, “¿Por qué me está haciendo esto? ¡No puedo más!” puede convertirse en  “Está actuando como una niña porque es una niña… Yo soy el adulto aquí… Pase lo que pase, puedo controlarlo“.

2. Empatiza. Si tu hijo se siente comprendido, estará mucho más dispuesto a aceptar tus límites.“Desearías de verdad hacerlo…”, “Estás muy decepcionado…”, “Esperabas que…”.

3. Recuerda que los hijos únicamente aceptan nuestro liderazgo por motivo de la relación que tenemos con ellos.  Si se resisten o nos desafían, estamos ante un signo de que necesitamos centrarnos en conectar con ellos. Si tu hijo se niega a cooperar frecuentemente, asegúrate de que pasáis un Rato Especial todos los días. Todas las familias de las que tengo conocimiento que han establecido como prioridad el Rato Especial han dicho que su hogar es ahora más pacífico. Aunque no vale cualquier cosa: no puedes limitarte a leer libros o a hacer galletas. Lo que tu hijo necesita es que le transfieras todo tu amor, y poder sentirse seguro mostrándote todos esos sentimientos amontonados en su mochila emocional y que, de lo contrario, darían lugar a “malos” comportamientos. ¿Qué tiene de especial el Rato Especial? (artículo en inglés, pendiente de traducción).

4. Renuncia al castigo.  Si has estado dando palmadas en la mano de tu hijo o arrastrándole hasta su rincón de pensar, puedes estar seguro de que estará menos cooperativo. Y esto es así porque no cree que realmente estés de su lado. Y no está desarrollando la parte de su cerebro que le permite cambiar de marchas (porque, ¿qué necesidad tendría de hacerlo?). Está siendo forzado desde el exterior, por lo que no está construyendo su auto-disciplina. Así que cuando le pides que haga algo, él no tiene control mental o motivación para acometerlo, a menos que le amenaces (¿Qué hay de malo en un estilo de crianza estricto? – en inglés, pendiente de traducción). Si quieres cooperación sin recurrir a los castigos, necesitas centrarte primero en la conexión, para que tu hijo QUIERA seguir tu liderazgo.

5. Busca una solución en la que todos salgáis ganando.  Vale, no puede escalar hasta la despensa. Pero ¿puedes traer una escalera y ayudarle a alcanzarla? La mayor parte del tiempo, si puedes ver claramente sus inquietudes, puedes encontrar la manera de cubrir las necesidades de ambos. Esto no significa llegar al extremo heroico de cubrir sus necesidades todo el día. Significa que tu hijo sabe que estás de su parte, y que intentarás encontrar el equilibrio entre sus deseos y las necesidades del resto de la familia.

6. Bienvenido al colapso. Hay ocasiones en las que simplemente no podrás encontrar una solución en la que todos salgan ganando. No todos los deseos de tu hijo tienen que ser satisfechos. De hecho, a menudo los niños (al igual que los adultos) provocan un enfrentamiento cuando lo único que necesitan es ayuda con sus emociones. Especialmente si estás en la transición entre el castigo y la crianza respetuosa, tu hijo puede tener una rabieta como señal de que necesita tu ayuda para vaciar su mochila emocional.

Así que establece un límite, claro y amable, y usa toda tu compasión. Eso le confiere a tu hijo la seguridad suficiente como para mostrarte sus penas y sus temores. Cuando actúe como si del fin del mundo se tratase, recuerda que los niños más pequeños sienten emociones muy grandes, y sus cerebros no están lo suficientemente preparados todavía para procesar sus emociones mediante las palabras. Acepta su decepción con tanta empatía como puedas, incluso si su ira está especialmente dirigida hacia ti.

Tu compasión transmite comprensión, y que estás sinceramente arrepentido de que tal cosa haya sido tan molesta para él. Tu calma (no tus palabras) transmiten que sabes que se trata de sentimientos, los cuales se pasarán una vez hayan sido expresados, y que el sol saldrá de nuevo. Experimentando todas esas emociones en la seguridad de tu presencia, y el aprendizaje que se puede obtener a partir de ello saliendo adelante es cómo tu hijo desarrollará su capacidad para adaptarse.

7. Recuerda que estar al mando significa que actúas como un líder, no como un dictador. Los buenos líderes lideran dando ejemplo. Escuchan, tratan de buscar un equilibrio entre las necesidades de todos, y protegen. Estar al mando significa que tomas la responsabilidad de proporcionar un ambiente de amor y cuidados. No significa que necesites ser controlador o punitivo.

8. Tómate tu tiempo para procesar tus propias emociones sobre cómo han sido para ti unos padres “al mando.” Por ejemplo, si tus padres fueron muy estrictos, puedes tener el temor de que no estás al mando a menos que controles todos y cada uno de los movimientos de tu hijo. O puede que no quieras repetir sus mismos métodos, y de ese modo no establezcas absolutamente ningún límite. Eso no ayuda a tus hijos (¿Qué hay de malo en un estilo de crianza permisivo? – en inglés, pendiente traducción). Y lo más probable es que acabes recurriendo a los gritos cuando las cosas se te vayan finalmente de las manos. Los hijos que no tienen establecidos unos límites siempre nos empujan hacia nuestros propios límites.

Si, en cambio, nos permitimos a nosotros mismos sentir todas emociones de la infancia sobre lo solos que nos sentimos, lo que nos duele, lo que nos entristece… entonces ya no nos controlarán más. No recurriremos a la lucha o huida cuando nuestros hijos estén enfadados. Somos libres para establecer límites y guiar a nuestros hijos con empatía. Cuando nos despojemos de todo ello, podremos abandonar el sentimiento del culpa, intensificar nuestro auto-cuidado, y volver a conectar con nuestro hijo.

Dejar a los niños hacer lo que les de la gana no sería bueno ni para ellos, ni para nosotros. Pero lo maravilloso de establecer límites empáticamente es que éstos ayudarán a que nuestros hijos QUIERAN cooperar.

Y de ese modo serás más pacífico.